
Como versos previos a la melancolía hoy quiero dejarles un pasaje de mi vida que trae muchas energías de muchos colores y voltajes abrumadores, sólidas, conservadoras y explosivas también y que de a poco voy tratando de transformarlas y envasarlas para devolverlas al sol que es a donde pertenecen.
El sol por su parte nos debe, a los monzones algunas explicaciones, o por lo menos a mí que no acabo nunca de entender su idea de “la vida luz” y que por ser como creo ser y no como debo creerlo nunca podré.
Volvíamos cada día del año, juntos como lo habíamos arrancado y habitado, dormidos y despiertos, en la misma o en la habitación contigua, pero la vuelta a casa era SANADORA y más grande cada vez.
La casa se encendía de respeto y las luces que él traía coincidían con el arribo del anochecer que también lo esperaba como al borde del romance. Volaban unas señas simples que se habían aferrado a la costumbre del llegar. Susana las conocía bien y yo gozaba la situación. Ella entendía que no debía abrir el portón para que se guardara el automóvil cuando no había guiñazos de luz alta y se limitaba a asomar la cabeza por la puerta del garage para tantear, claro… no entrábamos! señal de que algo pasaba, sensación que aseguraba sólo con salir y darnos por bienllegados, mirarnos a los ojos y en secreta complicidad formaba parte, de alguna manera de nuestros cuelgues-vereda.
Mucha y mucha alegría me envolvía cuando me participaba de sus quilombos y de sus negocios como si esperara mi opinión, como si le sirviera que yo opinara, pero en verdad no era así, no era capaz de largar respiro mientras me daba sus masajes-letras. Más tarde con los años entendiendo que sólo se copaba conmigo para charlar, y hablarle a alguien como dejándose ver por dentro.
Además su vida para con nosotros (sus hijos) siempre había sido igual de omnipotente y así terminó, por que cambiaría esa cuestión conmigo?
Fue durante casi dos años de su vida, que logré conectarme a su corazón y confieso que entiendo que dejé que entrara en mi como nunca antes la idea de conexión, sin buscarla y eso de conectarse o que te conecten depende del punto de vista del “tiracables”, por lo tanto podría decir también que logró conectarse a mi sin buscarlo al igual que yo y en cada llegada entonces, cada arribo, se sucedieron conversaciones como plagas del amor, como si fuéramos los únicos seres enamorados rumbo al sol desde el planeta que hoy en día queman mis heridas para seguir en pie, que si las quisiera contar no podría, más de lo que imaginan y de las que recuerdo, más se enamorarían de Jorge y lo que lo rodea como yo lo hice.
Para cuando tomé conciencia de esto y sus pro, mi sangre era fresca y clara como el agua que el mismo bebía.
Lo recuerdo como un ser ávido y gentil como pocos he conocido. Hoy a seis años de su muerte brotan algunas lágrimas como cada abril y en esos momentos de melancolía-luz le hablo y lo molesto para que me bese.